SALLE Y LA HIPÓTESIS DEL ÚLTIMO JUEVES

El universo empezó el jueves pasado (y Salle ya tiene un hilo de 47 tuits para explicarlo) Una broma de Fernanda Kosak en Dopamina abre la puerta a uno de…

El universo empezó el jueves pasado (y Salle ya tiene un hilo de 47 tuits para explicarlo)

Una broma de Fernanda Kosak en Dopamina abre la puerta a uno de los argumentos filosóficos más blindados e inútiles de la historia: la hipótesis de Omphalos, su versión satírica (Last Thursdayism) y el curioso problema de Dios como decorador de utilería falsa.
19 de marzo de 2026 | Por Bernardo Borkenztain
Caricatura editorial de Gustavo Salle frente a un pizarrón con la palabra CLEPTOCORPORATOCRACIA
Cuando la teoría lo explica todo… y por eso no explica nada. (Ilustración: Bernardo Borkenztain / Genspark)

Hay semanas en las que uno abre YouTube para ver algo liviano. Algo que no exija. Y termina metido hasta las rodillas en un problema metafísico con olor a naftalina.

Al inicio de este stream de Dopamina, Fernanda Kosak tira una broma que suena a chiste pero es, en realidad, una pequeña bomba lógica: ¿y si todo esto arrancó el jueves pasado? No como metáfora. Como ontología.

No es un chiste menor. Es un chiste con dientes. Dientes creados ya gastados, por cierto.

Y ahí pensé en Salle. Inevitable, como la humedad en Montevideo en abril. Porque si existe una idea diseñada para que él la abrace con las dos manos, es exactamente esta. “El jueves pasado” tiene todo lo que necesita el conspiracionismo para prosperar: fecha concreta, épica barata, y la ventaja de que cualquier evidencia en contra ya es parte del plan. Si mañana aparece un fósil, no es un fósil: es un fósil plantado. Si el cielo muestra luz de galaxias lejanas, no es luz: es proyección. Y si usted recuerda haber pagado UTE en 2022, lamento informarle que ese recuerdo puede ser perfectamente un DLC instalado el jueves.

Bienvenidos. Hoy vamos a discutir el ombligo de Adán. Es un tema serio, aunque suene a sketch.

La hipótesis de Omphalos: el mundo como escenografía retro

Portada de OmphalosPortada de la edición original de Omphalos (1857), Philip Henry Gosse.

En 1857, el naturalista Philip Henry Gosse publica Omphalos: An Attempt to Untie the Geological Knot y propone algo tan elegante como desesperante: el universo pudo haber sido creado hace muy poco, pero con apariencia de edad para ser funcional desde el primer instante.

Piénselo así. Para que un ecosistema arranque, necesita árboles maduros, montañas ya erosionadas, ríos que llevan siglos cavando su cauce. Gosse argumentaba que Dios no podía crear un mundo “semilla”: tenía que crear un mundo en marcha. El detalle estrella era Adán. Sin madre, sin cordón umbilical, sin historia biológica previa. Y sin embargo, Dios lo creó con ombligo. De ahí “Omphalos”: ombligo, en griego.

El razonamiento lógico es de acero. Explica absolutamente cualquier evidencia. Precisamente porque también puede declarar falsa absolutamente cualquier evidencia. Una idea que nunca pierde, en general, no gana porque sea verdadera. Gana porque está jugando sola.

“Es el equivalente metafísico de comprar un mueble «vintage» y pagar extra por los rayones.”

El problema moral: «¿Dios… nos estaría tomando el pelo?»

La crítica más devastadora al libro no fue científica. Fue moral.

El reverendo Charles Kingsley, amigo personal de Gosse, rechazó el libro con una frase que quedó en la historia: “You make God tell a lie.” Hacés que Dios mienta. El término técnico es Deus quidam deceptor: un Dios que deliberadamente planta evidencia falsa.

Y acá está la trampa. Gosse no quería hacer teología heterodoxa. Quería reconciliar fe y ciencia. Pero al blindar su hipótesis contra cualquier refutación, construyó sin querer el retrato de un Creador que es, básicamente, el mayor falsificador de la historia del universo.

“No es que te falten pruebas. Es que te sobra escenografía.”

Last Thursdayism: la sátira que te saca el maquillaje lógico

Acá entra Last Thursdayism. Una parodia filosófica nacida en los 90 que derivó en la “Church of Last Thursdayism” —sí, existe— y cuyo argumento es tan simple como demoledor.

Si aceptás que el mundo pudo haber sido creado “hace 6.000 años con apariencia de viejo”, entonces con exactamente la misma lógica podés afirmar que empezó el jueves pasado. O hace cinco minutos. O justo ahora, mientras leés este párrafo. No cambia la estructura del argumento. Solo cambia el calendario.

Bertrand Russell hizo lo mismo con más sotana filosófica: la “Tierra de cinco minutos”. No hay imposibilidad lógica en que el universo haya aparecido hace nada, completo y funcional, con todos sus recuerdos ya instalados de fábrica.

“Omphalos te dice «no confíes en la evidencia». Last Thursdayism simplemente responde: «perfecto, entonces tampoco en tu desayuno».”
El chiste no ridiculiza. Desnuda.

Cuando una hipótesis lo gana todo, pierde sentido

Una hipótesis que puede absorber cualquier evidencia se vuelve invencible. Y por lo tanto inútil. Porque si cualquier dato puede ser “utilería plantada”, ya no estamos haciendo filosofía ni ciencia. Estamos haciendo decoración.

Hay algo más que se rompe en el camino. El rabino Natan Slifkin lo señaló con precisión clínica: si Dios se tomó el trabajo de convencernos mediante leyes físicas inquebrantables de que el cosmos tiene miles de millones de años, rechazar esa evidencia es, irónicamente, rechazar la propia revelación divina en el mundo natural. Es decirle a Dios que te mintió… con el universo entero.

La navaja de Ockham te degüella si la dejás entrar.

“El universo puede haber empezado el jueves pasado. Lo único seguro es que, si esa idea prende, Salle no necesita pruebas: necesita WiFi.”

El detalle que más me inquieta: la utilería con backstory de sangre

Hay una consecuencia de esta hipótesis que no se menciona seguido. Y cuanto más la pienso, más me molesta.

Si la “apariencia de edad” incluye fósiles de depredación, extinción, sufrimiento y muerte grabados en la roca, entonces Dios no solo le puso ombligo a Adán. Esculpió un teatro de tragedias para que el set pareciera verosímil. El decorador del mundo decidió que la escena necesitaba, sí o sí, un backstory con sangre.

Gerald Aardsma lo planteó sin anestesia: ¿qué hacemos con los fósiles de peces devorando a otros peces en una creación que se suponía utópica y libre del Pecado Original?

No sé si hay respuesta para eso. Pero sé que la pregunta es incómoda. Y eso, filosóficamente, ya vale algo.

Epílogo con Salle (porque siempre hay epílogo con Salle)

El chiste de Kosak funciona porque no va contra la religión ni a favor de la ciencia. Muestra el punto exacto donde una explicación deja de explicar y se convierte en un salvoconducto para creer cualquier cosa sin pagar el peaje de la evidencia.

En Uruguay eso es peligrosamente tentador. Nos encanta la teoría que lo explica todo, especialmente si encima nos deja mirar al horizonte con cara de “¿ves?”, como si la rambla nos hubiera dado un doctorado.

Lo único que pido es coherencia. Si vamos a aceptar que el universo empezó el jueves pasado, por lo menos no me vengan con que el tránsito en Avenida Italia es culpa del Frente. Porque capaz que ni existía el miércoles.


Bernardo Borkenztain es Químico Farmacéutico, columnista, crítico teatral y divulgador científico. Condujo Charlas de Mentes en Esdrújula TV. Escribe en Montevideo Portal desde hace 14 años.