Esta es la primera carta. Cada dos semanas te voy a mandar una columna mía y una pregunta. Si querés contestar, respondé este mismo mail: lo leo yo.
La columna de hoy se llama «Yo, apróstata». Parte de un término que tomé del humorista Darwin Desbocatti: la aprostasía, la condición de quienes estamos demasiado arraigados en la realidad material, o somos demasiado mayores, para aceptar un mundo donde el principio de no contradicción no rige y todos los estados se superponen.
El pasaje con el que quiero que empecemos es este:
…como el mayor esfuerzo que les requiere defender sus opiniones es flectar un pulgar, las redes sociales se han vuelto un sucedáneo del circo máximo romano, en el que la turba pedía a gritos la muerte del gladiador vencido solamente por la crueldad cobarde de su propia impunidad.
La columna recorre cinco mecanismos para explicar por qué ocurre: la respuesta variable, el filtro burbuja, el síndrome FOMO, el reflejo de lucha o huida y el deseo mimético con su chivo expiatorio. Ninguno es nuevo. Juntos explican algo que cada uno, solo, no alcanza.
La pregunta de este número: si defender una opinión cuesta un pulgar, ¿qué opiniones merecen que alguien las discuta de verdad? Y la contraria, que me incomoda más: ¿cuántas de las tuyas pasarían ese filtro?
Contestá cuando quieras. Leo y contesto. En el próximo número publico las objeciones más sólidas, con mi réplica.
La columna completa está en bernardo.uy/archivos/115.
Bernardo
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