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La burra de Balaam

«Una mentira repetida
mil veces se convierte
en verdad.»

— Joseph Goebbels, que nunca dijo eso

El 3 de marzo de 2026, la relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados publicó en su cuenta una imagen: el funeral de las niñas muertas en el bombardeo de una escuela, los cuerpos envueltos en tela blanca, las familias alrededor. La escuela quedaba en Irán, y que no quedara en Gaza importa menos de lo que parece: ya vamos a ver por qué.

La imagen era falsa. No adulterada, no sacada de contexto: generada por una máquina. Lo verificaron Snopes, The Times of Israel y Middle East Eye, que de órgano sionista no tiene nada. Le pidieron que la bajara.

Francesca Albanese contestó que la imagen no era el punto. Y agregó, en la frase que me va a ocupar toda la columna: podría ser una pintura, o una imagen en blanco. El punto seguiría siendo el mismo.

Voy a volver sobre esa respuesta, porque me parece la más honesta que dijo en años y no creo que se haya dado cuenta.

Anoto también, y prometo explicarlo más adelante, que su apellido suma noventa y cinco.

Pero antes tengo que pagar la deuda que contraje arriba de esta página.

Ochenta años de una comilla puesta donde no va.

I. La cita que nadie dijo

Esa frase la repite todo el mundo, y la repiten sobre todo los que denuncian la desinformación: es la cita de cabecera del oficio, el sello con que se cierra cualquier discusión sobre noticias falsas. Goebbels no la dijo nunca. No está en sus discursos, no está en sus artículos, no está en los diarios que llevó durante años y que se conservan casi enteros. Los dos investigadores que se tomaron el trabajo de buscarla —Randall Bytwerk, que dirigió el archivo de propaganda alemana de Calvin, y Gerald Krieghofer, que se dedica a rastrear citas falsas— llegan por caminos distintos a la misma conclusión: nadie da nunca la fuente, porque no hay ninguna.

Lo que sí hay es una cadena, y vale la pena recorrerla entera, porque es un manual completo.

Genealogía del apócrifo. Cada eslabón es verificable; el último no tiene fuente.
Genealogía del apócrifo. Cada eslabón es verificable; el último no tiene fuente.

El principio de la mentira colosal —la idea de que una mentira enorme se cree justamente por enorme, mientras que una chica despierta sospecha— está formulado en Mein Kampf, en el capítulo sobre las causas del derrumbe alemán. Y está formulado como acusación. Hitler explica el mecanismo y a continuación dice a quiénes se lo adjudica: los mejores conocedores de esa verdad, escribe, fueron en todo tiempo los judíos.

El concepto de la gran mentira, patrimonio común de cualquiera que quiera denunciar una manipulación, nació siendo un libelo.

Hay que leer eso dos veces. El concepto de la gran mentira, ese que hoy es patrimonio común de cualquiera que quiera denunciar una manipulación, nació siendo un libelo. Nació diciendo que mentir a lo grande es una destreza judía. Y va incorporado, sin que nadie lo sepa, en media conversación pública contemporánea sobre la verdad.

Goebbels sí escribió algo parecido a la frase que se le atribuye, pero no en primera persona. En enero de 1941 publicó en Das Reich un artículo sobre la fábrica de mentiras de Churchill donde sostiene que los ingleses proceden según el principio de que, si uno miente, tiene que mentir a fondo y sobre todo sostener lo que mintió. No estaba confesando su método. Estaba imputándoselo al enemigo. Que es, dicho sea de paso, la primera regla de todo este asunto: el que describe la técnica con más precisión suele ser el que la está usando en esa misma frase.

Falta el eslabón que explica cómo llegó hasta nosotros, y es el que más me interesa, porque adentro no hay ningún villano. En 1943, un psicoanalista llamado Walter Langer escribió para los servicios de inteligencia norteamericanos un perfil psicológico de Hitler. En la página treinta y ocho resumió sus reglas de propaganda, y la última de la lista decía que si uno la repite con la frecuencia suficiente, tarde o temprano se la van a creer. Era una descripción hecha por el analista. No era una cita del analizado, ni de Goebbels, ni de nadie.

En 1946, una publicación de una comisión del Congreso de los Estados Unidos puso esa descripción entre comillas y le puso encima el nombre de Goebbels.

Ochenta años lleva esa comilla puesta donde no va. Y no la va a sacar nadie, porque desarmarla cuesta un orden de magnitud más energía que repetirla. Eso también tiene nombre y tampoco es mío: se llama ley de Brandolini, y la formuló un programador italiano en un mensaje de enero de 2013. La ley se está aplicando, en este mismo momento, sobre una cita acerca de mentiras.

Y ese es el arroyo. Lo puse arriba de todo, antes que ninguna otra cosa, porque es el mejor ejemplar que tengo: una frase que suena a agua, que baja con fuerza y a la que fue todo el mundo con el balde. Falta explicar por qué la llamo así.

Hay una palabra hebrea para el arroyo que no está. Se dice nájal ajzav, y nombra ese cauce del desierto que en invierno baja con fuerza y deja en la piedra la marca de un río de verdad, y que en agosto, cuando uno llega con el balde y la garganta seca, resulta ser un surco de polvo. Jeremías la usa para el peor reproche que se le puede hacer a alguien: ¿vas a ser para mí como aguas que engañan, como un arroyo que falla. Fijate que no lo acusa de maldad. Lo acusa de estar vacío justo en el lugar donde uno fue a buscar. Y el hebreo es todavía más filoso que la traducción: dice aguas que no fueron fieles, con la misma raíz de la que salen amén y emuná. No aguas falsas. Aguas sin fe.

La raíz de ajzav es כזב, mentir. Y de esa misma raíz sale el nombre de un personaje que tiene nombre en apenas dos versículos y desaparece: Cozbí, hija de Zur, princesa de Madián. El Talmud se pregunta por qué se llamó así y contesta: porque engañó. Su nombre, si uno lo fuerza un poco —y aviso que lo estoy forzando—, se puede leer como «mi mentira».

Tenemos la suerte de que en castellano fuente signifique las dos cosas: el manantial del que uno saca agua y el origen del que uno saca una información. Un relator especial de las Naciones Unidas es, en el sentido más literal de la palabra, una fuente. De acá en adelante el lector ya no va a poder leer ese término sin acordarse del arroyo, y le pido disculpas de antemano.

Pero antes de Cozbí, antes de Balaam y antes de todo, hay un hombre que elige mal.

Génesis 13. Abram y su sobrino Lot tienen que separarse porque la tierra no da para los dos rebaños, y Abram, con una generosidad que el texto no subraya y por eso mismo pesa más, le ofrece elegir primero. Y Lot alza los ojos. Ve la llanura del Jordán, toda ella de riego, como el jardín del Señor, y elige eso. Elige por lo bien regada que se ve. Planta sus tiendas hacia Sodoma.

El error fundacional de toda esta historia fue elegir una fuente por su aspecto. Lot se llevó la llanura mejor irrigada del relato y terminó con fuego cayéndole encima, una ciudad en ruinas y una mujer de sal mirando para atrás en el camino. De esa elección, y de lo que pasó después en la cueva, nacieron Moab y Amón.

O sea que el arroyo que engaña no es una metáfora que yo le agregue a la historia desde afuera. Es el pecado original de la historia, y está en el verbo: alzó los ojos y vio.

Todo lo que sigue es sobre mirar.

El libelo clausura; el midrash abre.

II. Lo que este texto es y lo que no

Conviene decirlo antes de que alguien se confunda, porque lo que viene se parece peligrosamente a lo que vengo denunciando hace años.

No estoy diciendo que el alma de nadie venga arrastrando un rencor de tres mil años. Eso sería el libelo con incienso encima. Estoy haciendo otra cosa, más vieja y menos peligrosa: poner un relato al lado de un presente, que es lo que hizo todo el que alguna vez abrió un midrash.

La diferencia entre las dos operaciones no es de tono, es de gramática. El libelo dice: así son, siempre fueron, así van a ser. El midrash dice: mirá lo que le pasó a este, y fijate lo que todavía te puede pasar a vos. Uno clausura, el otro abre.

El libelo dice: así son, siempre fueron, así van a ser. El midrash dice: fijate lo que todavía te puede pasar a vos.

Y viene bien un dato que desarma la objeción de antemano, porque sale de la propia tradición que estoy usando. El Arizal, en la primera puerta del Sháar HaGuilgulim, escribe que el alma vuelve letakén et asher ivet, a reparar lo que torció. No dice a pagar: dice a reparar. Hay otras puertas del mismo libro donde el guilgul sí funciona como castigo, y no las voy a esconder; pero en esa primera, que es la que me sirve, la reencarnación es una segunda oportunidad. La cábala, en esto, resulta bastante más generosa que casi todo lo que se escribe hoy en las redes sobre cualquiera.

Lo que reencarna acá, en todo caso, no es una persona. Es un puesto. La vacante se abre cada generación y siempre hay alguien dispuesto a ocuparla, y esto es lo importante, siempre hay alguien que puede bajarse.

Dicho eso, vamos al camino.

Si el contenido no performa, se cambia el encuadre y se vuelve a publicar.

III. El que contrata

Balak, rey de Moab, tiene un problema y una billetera. Manda a buscar a Balaam, hijo de Beor, para que le maldiga a un pueblo.

Acá el relato hace algo que ningún panfleto haría: no presenta a Balaam como un farsante. Es un profeta auténtico. Dios le habla, le contesta, discute con él, le pone condiciones. Tiene visión verdadera y credencial verificable. Si fuera un charlatán la historia no tendría gracia ni tendría peligro. El asunto es exactamente que el hombre ve.

Ve, y está contratado.

Nadie se sube a ese carro pensando que va a mentir. Se sube pensando que desde el otro cerro se va a ver mejor.

Lo llevan a un cerro y desde ahí Balaam abre la boca para maldecir, y le sale bendición. Y entonces pasa lo que está en el texto desde hace treinta siglos esperando que alguien lo mirara con ojos de esta década: Balak no lo despide. Lo reposiciona.

Ven conmigo a otro lugar desde donde los veas, le dice, y maldícemelos desde allí. Y lo lleva a un segundo cerro. Vuelve a salir bendición. Ven, te llevaré a otro lugar, insiste; quizá le parezca bien a Dios que me los maldigas desde allí. Y lo lleva a un tercero, que el texto describe como el que se asoma sobre la faz del desierto.

Tres emplazamientos. Tres intentos. Tres bendiciones.

Eso tiene un nombre en cualquier oficina de marketing digital de 2026, y el nombre es A/B testing. Balak no discute con la realidad: busca el plano desde el cual la realidad rinda lo que él necesita. Si el contenido no performa, se cambia el encuadre y se vuelve a publicar. La parte que de verdad duele no es la del rey, que hace lo que hacen los reyes. Es la del profeta: Balaam se deja mover. Se sube a la camioneta y va. Tiene visión auténtica y aun así acepta que le elijan el mirador.

No hace falta ninguna maldad para eso. Alcanza con una audiencia esperando, un cliente que paga y la certeza íntima de estar del lado correcto. Nadie se sube a ese carro pensando que va a mentir. Se sube pensando que desde el otro cerro se va a ver mejor.

Conviene no pasar por alto un detalle geográfico: los tres miradores están en las alturas de Moab, hoy Jordania, del otro lado del río. El hombre contratado para pronunciarse sobre un pueblo nunca pisa el territorio del que habla. Lo evalúa desde la orilla opuesta, desde un cerro, con prismáticos y con contrato.

En septiembre de 2025, desde un podio en Ginebra, Albanese dijo que había que empezar a pensar en seiscientos ochenta mil muertos en Gaza. Y agregó, con una honestidad que en ese momento le reconocí, que ese número sería difícil de probar o de refutar mientras a los investigadores se les siguiera prohibiendo la entrada al territorio.

Está parada en el tercer cerro explicando que desde ahí no se puede verificar. Y pronuncia igual.

Al animal hay que darle algo que no tenía; al vidente, sacarle algo que se puso encima.

IV. El vidente que no ve

Volvamos atrás, al camino, porque la mejor escena está antes.

Balaam sale montado. Y hay un ángel esperándolo con la espada desenvainada que él no ve. La burra sí. Se desvía al campo y él le pega. Se arrima a la tapia y le aplasta el pie contra la piedra y él le pega. Se echa al suelo, y él le pega otra vez. Tres advertencias, tres palizas. El hombre cuyo oficio entero consiste en ver lo que los demás no ven es, ahí, el único ciego.

Y hay un detalle de vocabulario que vale toda la escena. A la burra Dios le abre la boca: vayiftaj. A Balaam le destapa los ojos: vayigal, correr el velo de lo que estaba cubierto. Al animal hay que darle algo que no tenía. Al vidente profesional hay que sacarle algo que se había puesto encima.

Eso no es una profecía. Eso es un chequeo de datos.

Y entonces pasa lo que todo el mundo recuerda mal. La burra habla, sí. Pero no profetiza. No le abrieron ninguna visión, no le dieron ningún mensaje, no dice una palabra sobre Dios ni sobre el futuro. Dice, con una paciencia que a mí me conmueve: ¿no soy yo tu burra, la que montás desde que existo hasta el día de hoy? ¿Alguna vez te hice esto?

Y Balaam contesta que no. Esa es la parte que nadie cita, y es la mejor: el hombre admite el descargo.

Eso no es una profecía. Eso es un chequeo de datos. La burra hace lo único que se puede hacer contra una acusación: la compara con el registro. Y es lo único que en todo el episodio resulta cierto.

La que habla no mira, y la que mira no tiene micrófono.

V. La burra partida en dos

Acá está el nudo, y quiero decirlo despacio.

En Números la que ve y la que habla son el mismo animal. Esa es toda la fuerza del pasaje: la burra habla porque vio, y lo que dice no es una revelación sino un cotejo con su propio historial. Su autoridad no viene de arriba. Viene de que estuvo ahí todos los días y se acuerda.

La resta. Fuentes: Oficina Central Palestina de Estadística y UNICEF.

La resta. Fuentes: Oficina Central Palestina de Estadística y UNICEF.

En 2026 esas dos funciones se separaron, y ese divorcio es la mejor descripción que tengo de lo que nos está pasando.

No aporta ninguna revelación: aporta una resta. Y la tratan de bot, de comprada, de hasbará.

La que habla tiene mandato internacional, un clip de un minuto grabado en Ottawa que juntó millones de reproducciones, y una tribu esperando el próximo contenido.

La que ve toma la cifra de trescientos ochenta mil menores de cinco años muertos y la compara contra el padrón de la Oficina Central Palestina de Estadística, que proyectaba unos trescientos cuarenta y un mil setecientos noventa niños de esa edad en toda la Franja. Después hace la resta. No aporta ninguna revelación: aporta una resta. Y la tratan de bot, de comprada, de hasbará.

La burra bíblica era las dos cosas a la vez, y por eso su palabra detuvo a un hombre en el camino. La de ahora habla y no mira. Y la que mira no tiene micrófono.

Acá vuelve la frase del principio, y ahora se entiende. La imagen no es el punto; podría ser una pintura, o una imagen en blanco.

Se puede leer de la manera barata, y es la primera que hay que conceder porque probablemente sea la que ella quiso decir: alguien difundió un material equivocado, se lo señalaron, y contestó que el error del material no invalida el hecho denunciado. Dicho así es una defensa mala pero corriente, de las que da cualquiera acorralado, y no habilita ninguna teoría sobre nada.

Y sin embargo hay que mirar la frase que agregó, porque es la que no encaja en esa lectura. No dijo que la imagen fuera secundaria. Dijo que podría no haber imagen. Una pintura, un rectángulo en blanco: el punto seguiría siendo el mismo. Eso ya no defiende una publicación errónea, describe un sistema donde la evidencia es prescindible por diseño. Y ahí sí: en el mundo donde la burra quedó partida, la imagen efectivamente no es el punto, porque el punto lo pone la boca y la imagen es apenas el vehículo. Que sea falsa no cambia nada, porque nadie estaba mirando la imagen. Estaban escuchando quién la mostraba. Lo que Albanese dijo, sin querer, es que la verificación es un trámite de otra época, una cortesía que se le hace al que todavía cree que los hechos deciden algo. Y en eso, otra vez, no se equivoca.

Ahora sí se entiende también por qué dije al principio que importaba poco que la escuela quedara en Irán. La máquina no depende del expediente. Se le puede cambiar el país entero al pie de foto y sigue funcionando igual, porque lo que la sostiene no es el caso sino la firma.

Acá viene la ironía que organiza todo esto, y la digo sin ganas de ser gracioso: el papel de la burra ella lo reclama para sí. Perseguida, sancionada, sin verificación en la plataforma, condenada oficialmente por siete gobiernos, golpeada por decir en voz alta lo que los poderosos no quieren oír. Y tiene motivos reales para reclamarlo. En febrero de este año le recortaron un video para amputarle el sujeto a una frase: había dicho «enemigo común» hablando del sistema que permite el genocidio, del capital que lo financia y de los algoritmos que lo tapan, y el recorte le hizo decir Israel. Tuvieron que desmentirlo Reuters, France24 y la propia oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas. Ese día la burra era ella y le pegaron sin razón.

Pero la burra de Números no era la que hablaba. Era la que miraba el camino. Y esa parte del papel quedó vacante.

Lo que hay que mostrar no es la conclusión: son las ganas.

VI. Doscientos cuarenta

Ahora déjenme hacer a mí lo que Balak le hizo a Balaam, para que se vea cómo se hace. Prefiero hacerlo mal a propósito antes de que alguien lo haga mal en serio.

Se me ocurrió calcular la gematría de su nombre. La gematría, para el que no la conozca, asigna a cada letra hebrea un valor numérico y suma. Tiene un uso legítimo y antiguo en la tradición rabínica, y ese uso es acotado: se llama asmajtá, apoyatura. Sirve para reforzar con un guiño una enseñanza que ya se sostiene por otros medios. Nunca es prueba, y nunca, jamás, es método de descubrimiento.

Anatomía del enunciado de Ginebra, sobre la transcripción oficial de Naciones Unidas.

Anatomía del enunciado de Ginebra, sobre la transcripción oficial de Naciones Unidas.

Pero Francesca Albanese es un nombre italiano escrito en alfabeto latino, así que para calcular algo primero hay que transliterarlo al hebreo, y ahí está el chiste. La transliteración la elijo yo. Puedo escribir la ce con kuf o con kaf. Puedo escribir la ese con sámej o con záyin. Puedo meter álefs de apoyo o no meterlos.

El condicional es una figura de la sintaxis, no de la pragmática.

Escribí una versión y me dio seiscientos ochenta. Seiscientos ochenta, el número exacto desde el cual ella nos pidió que empezáramos a pensar.

Después cambié una letra, una sola, la ese de Albanese, y me dio setecientos treinta y tres. Cambié la ce y me dio seiscientos.

Y acá pago la otra deuda, la de la primera página.

Un nombre se parte en dos, como todos. Francesca, escrito como lo escribí, suma quinientos ochenta y cinco, que no me dijo nada. Albanese suma noventa y cinco.

Noventa y cinco es hamáyim: las aguas.

Las aguas. En un texto que empieza con un arroyo que no existe, el apellido de la fuente que engaña suma justo las aguas. Me quedé mirando la pantalla un rato largo, y confieso sin vueltas que durante unos minutos me pareció que había encontrado algo.

Noventa y cinco es además malká, reina. La princesa que entra al campamento con rango, y a la que todavía no llegué en estas páginas.

Y el seiscientos de dos renglones más arriba, ese que me dio al cambiar la ce y que descarté por aburrimiento, es shéker. Mentira.

Falta uno, y es el que me decidió a escribir todo este pasaje.

Alilat dam, עלילת דם, libelo de sangre, suma quinientos ochenta y cuatro. Francesca suma quinientos ochenta y cinco.

Erré por uno. Y ahí es donde la tradición me tiende la mano. Para ese problema exacto existe un recurso viejo y perfectamente legítimo, el im hakolel: se le suma una unidad al total, en representación de la palabra tomada como un todo, y el desfasaje se cierra. No es una trampa mía. Es un procedimiento real, usado por autoridades reales, durante siglos.

Con el kolel, libelo de sangre da quinientos ochenta y cinco.

Cuatro coincidencias, entonces: las aguas, la reina, la mentira y el libelo. Cada una encaja con una imagen distinta de este mismo texto, y las cuatro salieron de transliteraciones que elegí yo, esta semana, sabiendo de antemano qué estaba buscando. Y cuando una falló por una unidad, la propia tradición tenía guardada una regla honorable para cubrir la diferencia. Las herramientas están todas disponibles y todas en regla. Lo único que hace falta poner es las ganas.

Y ahí se me fue el encanto y me quedó la pregunta, que es la única parte de todo esto que vale algo.

Si sigo permutando el nombre, ¿me dará doscientos cuarenta?

Doscientos cuarenta es Amalek.

Por supuesto que me va a dar, si permuto lo suficiente. Ese es el punto entero. No estoy calculando: estoy buscando el cerro desde el cual el número maldiga. Es exactamente lo que hace Balak con Balaam, con planilla de cálculo. Y si yo puedo hacerlo con un nombre propio en veinte minutos, cualquiera puede hacerlo con una cifra de víctimas, con un porcentaje de bajas civiles, con un recorte de cuatro segundos de un discurso de cuatro minutos.

Pero lo que quería mostrar no es la conclusión, que es obvia. Son las ganas. La sensación física de que el dato encaja, ese golpe de calor en la nuca cuando el número da. Yo la sentí sabiendo que estaba haciendo trampa conmigo mismo, con el método desplegado sobre la mesa y sin nadie a quien convencer. Multiplicá eso por una audiencia que ya venía odiando, por un dato que no puede verificar aunque quiera, y por alguien con credencial internacional que se lo entrega hecho.

Y no hace falta que me crean sobre la palabra, porque ella lo hizo mejor que yo y desde un podio.

Mirá la gramática de aquel párrafo de Ginebra, que es donde está todo. No dijo que murieron seiscientos ochenta mil: dijo que hay que empezar a pensar en seiscientos ochenta mil, porque algunos académicos y científicos sostienen que esa es la cifra real. No dijo que trescientos ochenta mil de esos sean menores de cinco años: dijo si este número se confirma, trescientos ochenta mil de estos son bebés menores de cinco años. Y entre una frase y la otra metió la tercera. Es la que más atrás le reconocí como honestidad y que ahora tengo que mirar de nuevo: que el número sería difícil de probar o de refutar mientras a los investigadores les siguieran prohibiendo la entrada. Atribución sin nombres, condicional y coartada de infalsabilidad, las tres cosas en la misma respiración. Está impecable. Cualquier verificador se estrella contra esa cláusula, porque ella, literalmente, nunca lo afirmó.

Pero el condicional es una figura de la sintaxis, no de la pragmática. En la gramática, «habrían muerto» y «murieron» son cosas distintas. En la línea del tiempo no lo son, y el que escribe sabe perfectamente que no lo son. Nadie compartió «si esta cifra se confirmara». Compartieron la cifra, porque la cifra es lo que rinde: no informa, premia. Entrega la descarga exacta de indignación virtuosa que el que la comparte fue a buscar, y el condicional no entrega nada. El «si» tiene la vida útil de los cuatro segundos que van de la lectura al retuit, y después se cae solo, como el andamio que se saca cuando el edificio ya se sostiene.

Por eso lo llamo miserable, y elijo la palabra despacio. No califico a nadie: califico un procedimiento. Mentir tiene, al menos, la dignidad de ser refutable. Esto es otra cosa: es dejar el material servido para que lo mienta otro y quedarse con la coartada gramatical en el bolsillo. El resguardo no está puesto para el que escucha. Está puesto para el que después venga a pedir explicaciones.

Y el condicional se aplicó a un número que ella misma, en la misma respiración, declaró imposible de verificar. No sé qué se propuso, y no me hace falta saberlo: la intención ajena no se prueba y quien la afirma está haciendo lo mismo que denuncia. Lo que sí se prueba es lo otro, que además es peor. Nadie enuncia desde un podio de la ONU una cifra que acaba de declarar inverificable sin saber lo que va a pasar con ella; y si no lo sabía, tenía la obligación profesional de saberlo. Eso ya no es una hipótesis a la espera de confirmación. Es una hipótesis que no espera nada.

Yo permuto letras hasta que el nombre maldiga. Ella pone un número imposible en boca de académicos sin nombre y lo blinda con un «si». Los dos estamos buscando el cerro. La diferencia es que a mí no me escucha nadie, y que yo aviso.

Queda un número en todo esto que no elegí yo, y ese sí me interesa. Amalek, עמלק, suma doscientos cuarenta. Y safek, ספק, que quiere decir duda, también suma doscientos cuarenta. No es una ocurrencia mía: es una lectura jasídica muy difundida, y encaja con lo que el texto dice de Amalek, que salió al camino a atacar a los rezagados y a los cansados, a los que venían atrás. El verbo hebreo es todavía peor: dice que les cortó la cola a los que venían último. El arma de Amalek no es la espada. Es el enfriamiento. Es la duda sembrada en el que ya venía agotado.

Para cualquiera que trabaje con desinformación, eso no es un adorno numerológico. Es la tesis entera, escondida en una suma que nadie tuvo que forzar.

Nadie sospecha de una princesa. Esa es toda la técnica.

VII. La princesa se llama Mi Mentira

Ahora sí, Cozbí.

Lo que la maldición no consiguió lo consiguió el consejo. El texto se lo adjudica a Balaam expresamente, treinta capítulos después, y con todas las letras: bidvar Bilam, por consejo de Balaam. Si no se los puede maldecir de frente, que se equivoquen solos. Que se destruyan desde adentro, con la ayuda de alguien que entre al campamento no a escondidas sino con rango, con investidura, con apellido de jefe.

Nadie sospecha de una princesa. Esa es toda la técnica.

Un dato imposible, que no entra por la puerta de servicio sino por la principal, del brazo de una institución.

Y por eso a mí Cozbí no me parece una persona, en esta lectura. Me parece una cifra. Seiscientos ochenta mil muertos, de los cuales trescientos ochenta mil serían menores de cinco años en un territorio que nunca tuvo tantos menores de cinco años. Un dato imposible, que no entra por la puerta de servicio sino por la principal, del brazo de una institución, con el escudo azul detrás. Su nombre, si se lo tradujera, sería exactamente ese: mi mentira.

De lo que pasa después no voy a escribir una línea, y quiero que quede dicho por qué. Números 25 termina con una lanza, y yo no le pongo una lanza a nadie, ni siquiera de metáfora, ni siquiera a quien se la haya ganado. La gente que hoy ocupa estos cargos recibe amenazas reales, y ya vimos este año lo que pasa cuando a alguien le recortan un video para ponerlo en la mira. No voy a hacer con nadie lo que vengo denunciando. El que quiera esa parte de la historia, que abra el libro y la lea solo.

Nadie en la cadena es capaz de bendecir por accidente.

VIII. El puesto vacante

Queda una pregunta que me estuvo molestando todo el tiempo que trabajé en esto, y es quién es Balaam hoy.

Probé con varios nombres y ninguno entra. Y creo que entendí por qué.

Balaam es un profeta contratado que no puede controlar lo que le sale por la boca. Lo compran, lo mueven de cerro en cerro, le pagan por adelantado, y cuando abre la boca sale bendición. Tres veces seguidas. Ese es el mecanismo de seguridad del relato: el sistema falla porque el profesional tiene un interruptor que no maneja.

Ni siquiera con un pie afuera, sin nada que perder, se les dio vuelta la lengua.

En el aparato de hoy ese puesto está vacante. Nadie en la cadena es capaz de bendecir por accidente. El secretario general no bendice: matiza. Los relatores no bendicen: escalan. El punto siete de la agenda del Consejo de Derechos Humanos, único ítem permanente dedicado a un solo país en todo el sistema, no bendice: se renueva cada año, puntual como un alquiler. Y no lo dice un panfleto. Cuando ese punto se creó, en junio de 2007, la oficina del secretario general de entonces salió a decir que estaba decepcionada por la decisión de singularizar un único asunto regional, habiendo denuncias de violaciones de derechos humanos en todo el mundo. En la misma sesión, el Consejo dio de baja el escrutinio sobre Cuba y sobre Bielorrusia.

Lo más cerca de Balaam que dio el sistema fue la comisión que concluyó que había genocidio. Tres juristas con credencial auténtica, y Navi Pillay fue jueza y después presidenta del tribunal para Ruanda, jueza de la Corte Penal Internacional y Alta Comisionada de Derechos Humanos, así que de improvisada no tiene nada.

Los tres anunciaron su salida en julio de 2025. Pillay alegó la edad, problemas médicos y el peso de otros compromisos; Sidoti dijo que la retirada de Pillay era un momento apropiado para reconstituir la comisión. Pero las renuncias recién se hacían efectivas a fines de octubre y principios de noviembre, y el informe con la conclusión de genocidio salió el 16 de septiembre. Lo firmaron, entonces, tres personas que ya habían anunciado que se iban.

Y ese es el detalle que me interesa, y no el que se usó para festejar. Ni siquiera con un pie afuera, sin mandato que renovar y sin nada que perder, se les dio vuelta la lengua. Entregaron lo encargado y se fueron en fecha.

De modo que la pregunta sigue abierta, y es la única que me importa: si a nadie se le da vuelta la lengua, ni siquiera cuando ya no le cuesta nada, ¿queda algo en el sistema por donde pueda entrar lo que nadie encargó?

La máquina del odio es perpetua, sí. Pero no es hermética.

IX. Las dos palomas

La respuesta no es de ella. Es de una mujer que aparece cuatro libros después.

Moab quedó marcado desde la cueva. Deuteronomio lo dice sin vueltas: el moabita no entrará en la asamblea del Señor. Es una exclusión dura y explícita, dirigida a un pueblo entero por su origen.

Y el dato que más me gusta de todos es dónde se resuelve. No se resuelve en una academia ni en una sesión tranquila de estudio. Se resuelve en el Talmud en medio de una pelea política, cuando Doeg impugna el derecho de David al trono precisamente por su bisabuela moabita. La acusación es de manual: este hombre no puede reinar porque su sangre no corresponde. Y Abner contesta leyendo. Amoní veló amonít, moaví veló moavít: dice el amonita, no la amonita; dice el moabita, no la moabita. La exclusión alcanza a los varones. Doeg todavía va a discutir un rato, y la casa de estudio va a tardar una página entera en cerrar el asunto, pero lo cierra.

Extraer la bendición de adentro del enemigo designado. No perdonándolo, que sería bastante más barato.

Una deslegitimación por origen, respondida con una desinencia gramatical. Por esa rendija entra Rut la moabita, que se casa con Boaz, que es bisabuela de David.

Un midrash va más lejos y me parece el más hermoso: cuando Dios le ordena a Moisés no hostigar a Moab ni a Amón, la razón que da no es diplomática. Shtei peridot tovot yesh li lehotzí mehén. Dos buenas pichonas tengo para sacar de ellos, dice: Rut la moabita, y Naamá la amonita. Las dos hijas de Lot, las dos líneas, las dos terminan adentro de la casa real.

Y fijate qué es lo que Rut repara exactamente, porque no es una reparación genérica. Su antepasado falló mirando: alzó los ojos, vio la llanura bien regada y eligió por el aspecto del agua. Rut hace lo contrario con una precisión que parece deliberada. Se aferra a Noemí cuando todo lo visible aconseja soltarla: viuda, sin hijos, sin tierra, sin ninguna perspectiva, con una suegra arruinada y un camino hacia un país que la desprecia por moabita. Adonde tú vayas, iré. Elige contra la evidencia de los ojos.

Rut es la burra que ve. Es la única en todo este ciclo que mira el camino y acierta.

Y es moabita. Del pueblo de Balak, el rey que pagó por adelantado a un profeta que veía todo menos el ángel que tenía a un metro. Moab compró la mirada mercenaria; Moab dio, cuatro generaciones después, la mirada que no se compra.

De ahí sale David.

Ahí está el teorema, y se repite dos veces por si a alguien se le pasó la primera. La boca contratada para maldecir abrió por tercera vez y le salió: qué buenas son tus tiendas, Jacob. Ma tovu ohaleja Yaakov. Y esa frase, la de un enemigo profesional al que le dieron vuelta la lengua en pleno operativo, es la que se dice cada mañana al entrar a la sinagoga. La única plegaria de uso corriente que compuso un no judío, y encima uno que cobró para hundirnos. Cada mañana, desde entonces, en la puerta: su elogio involuntario. El linaje maldito produce al rey. La boca comprada produce la oración.

Esta tradición tiene esa manía y no la va a perder: extraer la bendición de adentro del enemigo designado. No perdonándolo, que sería otra cosa y bastante más barata. Ni negando el daño, que ya sabemos lo que cuesta. Sino haciéndolo producir, contra su voluntad y sin que se dé cuenta, exactamente aquello que vino a impedir.

Amalek es el enemigo total, el que rehace sus armas en cada generación y vuelve, y contra el que no hay rendija. Moab es el enemigo acotado, del que, por una letra, por una desinencia, por la terquedad de un rabino que se negó a leer rápido, sale el rey.

Entre esos dos está todo. La máquina del odio es perpetua, sí. Pero no es hermética.

El mandato de Francesca Albanese fue renovado en 2025 y corre hasta 2028. Le quedan dos años y unos cuantos cerros.

Y eso es lo único que le deseo a la fuente que engaña. No la lanza, ni el escarnio, ni el juicio de la historia en horario central. Le deseo el destino de Balaam: que en alguno de esos cerros que le faltan, con el cliente esperando abajo y la tribu esperando el contenido, abra la boca para decir lo de siempre y le salga otra cosa.

Y que la burra, que viene mirando el camino desde hace tres mil años y cobrando por detenerse, esa vez no reciba el palo.


Fuentes y verificaciones

  1. 1La frase del epígrafe carece de fuente primaria. No aparece en discursos, artículos ni diarios de Joseph Goebbels. Randall Bytwerk, del German Propaganda Archive de Calvin University, la incluye en su lista de False Nazi Quotations y señala que nadie aporta jamás una cita de origen; Gerald Krieghofer (Zitatforschung) llega a la misma conclusión de forma independiente, y la Wikiquote alemana la mantiene en la sección de atribuciones falsas. Antecedente del tópico, sin atribución nazi: Isa Blagden, The Crown of a Life, 1869. Primera atribución documentada a Goebbels: una publicación del House Committee on Un-American Activities del Congreso de los Estados Unidos, Publications Relating to Various Aspects of Communism, 1946, n.º 1-15, p. 19. No confundir con el refrán «miente, miente, que algo queda», de origen volteriano y latino (calumniare audacter, semper aliquid haeret), ajeno a esta genealogía.
  2. 2La cadena de origen. Hitler, Mein Kampf, tomo I, capítulo 10, «Ursachen des Zusammenbruchs»: formula la «große Lüge» a propósito de la campaña contra Ludendorff —«in der Größe der Lüge immer ein gewisser Faktor des Geglaubtwerdens liegt»— y la adjudica expresamente: «die besten Kenner aber dieser Wahrheit […] waren zu allen Zeiten die Juden» («pero los mejores conocedores de esta verdad fueron en todo tiempo los judíos»). Referencias en la edición crítica del Institut für Zeitgeschichte, Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition, 2016, pp. 240 y 244, donde los editores titulan las glosas «Die große Lüge» y «Die großen Meister der Lüge». Goebbels, «Aus Churchills Lügenfabrik», Das Reich, 12 de enero de 1941, recogido en Die Zeit ohne Beispiel, Zentralverlag der NSDAP, 1941, pp. 364-369: «Die Engländer gehen nach dem Prinzip vor, wenn du lügst, dann lüge gründlich, und vor allem bleibe bei dem, was du gelogen hast». Walter C. Langer, A Psychological Analysis of Adolph Hitler: His Life and Legend, informe para la Office of Strategic Services, 1943, parte III, p. 38: «people will believe a big lie sooner than a little one; and if you repeat it frequently enough people will sooner or later believe it». Desclasificado en 1968; publicado en 1972 como The Mind of Adolf Hitler. Es formulación del analista, no cita de Hitler ni de Goebbels, y es con toda probabilidad la fuente material del apócrifo. Alberto Brandolini, principio de asimetría, mensaje del 11 de enero de 2013: «the amount of energy needed to refute bullshit is an order of magnitude bigger than to produce it».
  3. 3Génesis 13:10-11 (Lot alza los ojos y elige la llanura del Jordán); Génesis 19:30-38 (Moab y Amón).
  4. 4Jeremías 15:18. El hebreo dice literalmente «como un [arroyo] engañoso, aguas que no fueron fieles» (maim lo neemanu, de la raíz אמן, la de amén y emuná); el sustantivo nájal, arroyo, está elidido y lo repone el idiomatismo nájal ajzav.
  5. 5Números 22:2 a 24:25 (ciclo de Balaam); 22:21-35 (la burra); 22:41, 23:14 y 23:28 (los tres emplazamientos: Bamot Baal, Sedé Tsofim en la cima del Pisgá y la cima de Peor, en las alturas de Moab, al este del Jordán, hoy Jordania; 23:28 precisa que el tercero «se asoma sobre la faz del yeshimón», el desierto); 23:8; 24:5 (Ma tovu ohaleja Yaakov). El contraste de verbos es del texto: vayiftaj Adonai et pi haatón, «abrió el Señor la boca de la asna» (22:28), frente a vayigal Adonai et einei Bilam, «descubrió el Señor los ojos de Balaam» (22:31). La respuesta de Balaam al descargo de la burra, «y él dijo: no», está en 22:30.
  6. 6Números 31:16 (bidvar Bilam, «por consejo de Balaam», adjudicación expresa del texto bíblico, no midráshica); Números 25:1-15 (Cozbí, hija de Zur, nombrada en 25:15 y 25:18; presente sin nombre en 25:6, 25:8 y 25:14). Sanedrín 82b da la etimología rabínica de su nombre por la raíz כזב. La glosa «mi mentira» es lectura del autor, declarada como tal en el cuerpo: la yod final de los nombres propios semíticos suele ser hipocorística o gentilicia, no posesiva.
  7. 7Deuteronomio 23:4 (23:3 en las versiones cristianas). Yevamot 76b-77a, texto verificado en Sefaria: «עַמּוֹנִי וְלֹא עַמּוֹנִית. מוֹאָבִי וְלֹא מוֹאָבִית». Abner responde a Doeg en 76b, en el marco de la impugnación del derecho de David al trono; Doeg objeta y la sugiá se resuelve recién en 77a. La fórmula no figura en Sanedrín 93b.
  8. 8Bavá Kamá 38b, texto verificado en Sefaria: «שְׁתֵּי פְּרִידוֹת טוֹבוֹת יֵשׁ לִי לְהוֹצִיא מֵהֶן רוּת הַמּוֹאֲבִיָּה וְנַעֲמָה הָעַמּוֹנִית», a propósito de Deuteronomio 2:9 y 2:19. Peridot significa por sí solo «crías separadas» o «mulas jóvenes»; el sentido de pichonas o palomas viene de la glosa de Rashi al pasaje, gozalot. La traducción Steinsaltz rinde fledglings. Rut 4:17-22 (genealogía de David); Reyes I 14:21 (Naamá la amonita, madre de Roboam).
  9. 9Isaac Luria (Arizal), Sháar HaGuilgulim, comp. Jaim Vital. Hakdamá 1: el alma «deberá volver en guilgul letakén et asher ivet», a reparar lo que torció. La columna consigna expresamente que la Hakdamá 22 del mismo libro trata el guilgul como castigo de las almas de los malvados: se invoca la primera puerta, no la doctrina completa.
  10. 10Gematría. Todos los cálculos siguen los valores estándar del alfabeto hebreo, con las letras finales computadas igual que las regulares. Valores que no elige el autor: עמלק (Amalek) igual a 240 y ספק (safek, duda) igual a 240; la equivalencia aritmética es exacta y la lectura está ampliamente difundida en literatura jasídica y de musar, atribuida habitualmente a Rabí Yosef Yitzjak Schneersohn, aunque no se localizó un locus clásico primario, y por eso el texto dice «muy difundida» y no «clásica». Valores que sí elige el autor, y por eso el pasaje existe: sobre la transliteración פרנצסקה אלבנזה, פרנצסקה (Francesca) da 585 y אלבנזה (Albanese) da 95, para un total de 680; variantes de una sola letra dan 733 y 600. Las equivalencias que la columna exhibe son todas aritméticamente exactas y todas argumentalmente triviales: המים (hamáyim, las aguas) suma 95; מלכה (malká, reina) suma 95; שקר (shéker, mentira) suma 600; עלילת דם (alilat dam, libelo de sangre) suma 584 y alcanza 585 con el kolel. El im hakolel —agregar una unidad al total en representación de la palabra tomada como un todo— es un recurso tradicional legítimo y de uso corriente, y el pasaje lo emplea precisamente para mostrar que el instrumental disponible permite cerrar cualquier desfasaje menor. Todas estas equivalencias dependen por entero de cómo se decida escribir en hebreo un nombre italiano, decisión que toma quien hace el cálculo. Nota de método: el procedimiento arroja además, sobre la misma transliteración y sin permutar una sola letra, una equivalencia con el nombre de un exterminador bíblico. Se verificó, se descartó y no se consigna. La razón es la que el propio capítulo sostiene sobre el condicional: una cláusula de resguardo no impide que la carga circule, y por lo tanto tampoco habilitaría a este texto a exhibir esa asociación bajo la protección de una renuncia. Cuatro coincidencias prueban lo que hay que probar; la quinta solamente agregaría lo que el libro combate. Deuteronomio 25:17-19 para los rezagados: vayzanev bejá kol hanejshalim ajareja veatá ayef veyaguéa, «te descoló a todos los rezagados que venían detrás, y vos estabas exhausto y fatigado». El detalle no está en Éxodo 17:8, que es escueto.
  11. 11Conferencia de prensa de Francesca Albanese, sede de la ONU en Ginebra, 15 de septiembre de 2025; transcripción oficial publicada por Naciones Unidas en el portal UNISPAL (el slug de la URL dice «16sep25»; la fecha del briefing es el 15). Texto literal: «we shall start the thinking of 680,000, because this is the number that some scholars and scientists claim being the real death toll in Gaza»; «and it would be hard to be able to prove or disprove this number, especially if investigators and others remained banned from entering the occupied Palestinian territory, and particularly the Gaza Strip»; «but if this number is confirmed, 380,000 of these are infants under five». Población de menores de cinco años en Gaza: 341.790 según la proyección de la Oficina Central Palestina de Estadística a mediados de 2024 (comunicado del 4 de abril de 2024, Día del Niño Palestino) y 320.000 según UNICEF (Humanitarian Situation Report N.º 41, 20 de agosto de 2025). El Nutrition Cluster trabaja con 291.000 niños de 6 a 59 meses.
  12. 12Video de la conferencia de prensa de Ottawa, Parliament Hill, del 5 de noviembre de 2024, publicado por Middle East Eye el 6 de noviembre de 2024. Se viralizó y acumula millones de reproducciones. La columna no consigna un recuento exacto de visualizaciones ni la duración del clip: no se localizó fuente verificable de ninguno de los dos datos, y una cifra al dígito sin respaldo no tiene lugar en un texto sobre desinformación.
  13. 13Imagen difundida en X el 3 de marzo de 2026: funeral de las niñas muertas en el bombardeo de una escuela en Minab, Irán, con los cuerpos envueltos en tela blanca. Origen sintético verificado de forma independiente por Snopes, The Times of Israel y Middle East Eye —este último, medio pro-palestino, es la corroboración decisiva—. Respuesta de Albanese: «The picture is not the issue: the facts are. The bombing, and what was done to the children, has been widely reported», y «It could be a painting or a blank image. The point would remain». La columna no afirma que hubiera 165 ataúdes —el 165 es la cifra de muertos reportada por las autoridades locales, no un conteo de féretros, y la fusión de ambas cosas proviene de UN Watch— ni consigna nota de la comunidad ni porcentaje de detección sintética: la nota solo la afirma UN Watch y el 97 % es un cálculo de su director ejecutivo, sin herramienta identificada.
  14. 14Febrero de 2026: clip recortado del Foro de Al Jazeera de Doha del 7 de febrero, difundido inicialmente por el director ejecutivo de UN Watch y amplificado por cancilleres europeos; desmentido por Reuters, France24 y la Oficina de Derechos Humanos de la ONU (vocera Marta Hurtado: «no caracterizó a ningún Estado como enemigo de la humanidad»). Precisión obligatoria: Albanese sí pronunció la expresión «enemigo común»; lo que el recorte suprimió fue el referente. Su aclaración posterior: el enemigo común es «el sistema que ha permitido el genocidio en Palestina, incluido el capital financiero que lo financia, los algoritmos que lo ocultan y las armas que lo posibilitan». Amnistía Internacional exigió a los cinco Estados europeos que retiraran sus ataques.
  15. 15Comisión Internacional Independiente de Investigación (Navi Pillay, Miloon Kothari, Chris Sidoti). Cartas de renuncia presentadas el 8 y el 9 de julio de 2025 y hechas públicas el 14 de julio; efectivas el 31 de octubre de 2025 (Kothari) y el 3 de noviembre de 2025 (Pillay y Sidoti). Informe con la conclusión de genocidio publicado el 16 de septiembre de 2025, es decir, entre el anuncio y el cese. Razones declaradas: Pillay invocó la edad, problemas médicos y otros compromisos; Sidoti señaló que el retiro de Pillay era un momento apropiado para reconstituir la comisión; Kothari invocó un entendimiento alcanzado por el grupo. La comisión continuó existiendo y se solicitaron propuestas de reemplazo a los Estados miembros. Ninguno de los tres declaró renunciar por presión ni por las sanciones estadounidenses del 9 de julio de 2025; la coincidencia temporal es un hecho y la causalidad no se afirma. Credenciales de Pillay: jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (1995-2003) y su presidenta entre 1999 y 2003; jueza de la Sala de Apelaciones de la Corte Penal Internacional (2003-2008); Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos (2008-2014).
  16. 16Ítem 7 de la agenda del Consejo de Derechos Humanos, «situación de los derechos humanos en Palestina y otros territorios árabes ocupados»: único punto permanente de la agenda dedicado a un solo país; las demás situaciones nacionales se tratan bajo el ítem 4. Declaración del 20 de junio de 2007 emitida por la vocera Michele Montas en nombre del secretario general Ban Ki-moon (SG/SM/11053): «The Secretary-General is disappointed at the Council’s decision to single out only one specific regional item given the range and scope of allegations of human rights violations throughout the world». El mismo paquete de construcción institucional creó el ítem 7 y dio de baja el escrutinio sobre Cuba y Bielorrusia.
  17. 17Mandato de la relatora especial renovado en abril de 2025, al cierre del 58.º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, por un segundo período de tres años con vencimiento en 2028.
  18. 18Condenas estatales. Corroborados de forma independiente: Estados Unidos, Francia, Alemania, Austria, Chequia, Italia e Israel —los cinco europeos, nombrados por la propia Amnistía Internacional al reprocharles el ataque, en febrero de 2026; Israel la declaró persona non grata el 12 de febrero de 2024; Estados Unidos la sancionó el 9 de julio de 2025—. UN Watch contabiliza catorce, sumando Reino Unido, Canadá, Países Bajos, Letonia, Estonia, Hungría, Serbia y Argentina: ese recuento no pudo corroborarse fuera de esa organización y por eso el cuerpo de la columna dice siete.
  19. 19Sanciones de Estados Unidos: designación como specially designated national bajo la Orden Ejecutiva 14203, el 9 de julio de 2025. El 13 de mayo de 2026 el juez federal Richard Leon concedió una medida cautelar por entender que la sanción castigaba expresión protegida; el 20 de mayo la OFAC la retiró de la lista; el 23 de mayo un panel del Circuito de Columbia dictó una suspensión administrativa y el 28 de mayo fue reincorporada. La apelación sigue pendiente al cierre de esta edición.

Serie «Antisemitismo al descubierto» · Bernardo Borkenztain

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